sábado, 25 de julio de 2009

Invasión de los Ladrones del Movimiento.

Una Causa de Justicia Social Cae Presa de la Doctrina del “Mal Necesario”

Título original en inglés: Invasion of the Movement Snatchers: A Social Justice Cause Falls Prey to the Doctrine of "Necessary Evil

Disponible en el sitio web de Tribe of Heart

Por James LaVeck

Nunca sabes cuando una agencia de Relaciones Públicas está siendo efectiva; sólo verás tus posturas cambiar ligeramente.
Ejecutivo de RRPP
Pocos de nosotros se dan cuenta que algunas industrias de los EE.UU. pagan cientos de millones de dólares a empresas de relaciones públicas para que remuevan cada uno de los obstáculos a la obtención de ganancias. En la cúspide de la lista de esos obstáculos se encuentran los movimientos de base de justicia social.
En un artículo del sitio web de su Centro para los Medios y la Democracia, los autores y activistas sociales John Stauber y Sheldon Rampton describieron las actividades de MBD, una de esas firmas de RRPP envueltas en el desmantelamiento de movimientos sociales concernidas con problemas que van desde la lluvia ácida, dioxinas, biotecnología y residuos tóxicos, hasta apartheid, energía nuclear, especies en peligro de extinción y derrames petrolíferos.
“Su método favorito”, escribieron Stauber y Rampton, “es el de una estrategia de ‘divide y vencerás’ fuertemente dependiente en la co-optación: Primero identifica a los ‘radicales’ quienes están reacios a comprometerse y quienes demandan cambios fundamentales para reparar el problema en cuestión. Luego, identifica a los ‘realistas’, típicamente, organizaciones con un significativo presupuesto y personal trabajando en la misma área relativa de opinión pública que los radicales. Después, acércate a esos realistas, casi siempre a través de un amigable tercer partido, comienza un diálogo, y eventualmente cierra un trato, una solución ‘ganar-ganar’ que marginalice y excluya a los radicales y a sus demandas.”
“Más tarde, ve junto con los realistas hacia los ‘idealistas’ que han aprendido acerca del problema a través del trabajo de los radicales. Convence a los idealistas que una solución ‘ganar-ganar’ acordada con los realistas es lo mejor para la comunidad en su conjunto. Una vez cumplido esto, los ‘radicales’ pueden ser tildados de ‘extremistas’, la jugada de RRPP está en marcha, y el trato puede ser explotado en los medios para hacer a la empresa y a sus ‘moderados’ socios activistas parecer heroicos por haber solucionado el problema. Resultado: la industria tal vez tenga que hacer algunas pequeñas concesiones temporales, pero la preocupación fundamental levantada por los ‘radicales’ es extinguida de plano.” [el énfasis es mío]
Qué tiene que ver este perturbador escenario con los activistas por los Derechos Animales y con nuestro movimiento para terminar con la utilzación de seres sintientes? Pues bien, resulta que la primera vez que Stauber y Rampton escribieron sobre MBD, fue en referencia a la presentación hecha por Ronald Duchin –cuarto en jerarquía en MBD— nada menos que en la Asociación de Ganaderos de los EE.UU. (ver página 66 del libro Toxic Sludge is Good for You: Lies, Damn Lies and the Public Relations Industry). El año era 1991, y Duchin, un graduado de la estadounidense Escuela de Guerra del Ejército, estaba delineando la estrategia más efectiva para “tratar con” el mayor irritante de la industria ganadera: nosotros.
Duchin recomendó el siguiente plan de tres etapas:
1) Aísla a los radicales.
2) “Cultiva” a los idealistas y “edúcalos” para volverlos “realistas”.
3) Co-opta a los oportunistas para que acuerden con la industria.En su discurso, Duchin contaba con que los idealistas eran un “hueso duro de roer” y que, a causa de su altruismo inherente, y del hecho de que no obtienen ganancias personales por sostener sus posturas, el público tiende a creer en ellos. Luego Duchin ofreció a los ganaderos una astuta estrategia. Les dijo que si de algún modo los idealistas pudieran ser convencidos de que su oposición a un producto o a una industria inadvertidamente causara daño a alguien, ellos no podrían vivir con tal contradicción y se verían forzados a cambiar su punto de vista, y así adoptar una posición más “realista”.
Acto seguido, Duchin les habló a los ganaderos acerca de cómo trabajar con “oportunistas” del movimiento, gente que él describió como vinculados al movimiento por “visibilidad, poder, seguidores, y tal vez, empleo… La clave para tratar con oportunistas es proveerles con al menos una percepción de una victoria parcial.
”¿La adopción masiva de “huevos de gallinas felices”? ¿Algunos asientos en la mesa con el grupo que desarrolla estándares para producir carne “Ecológica”? ¿Ternera “rosada” libre de encierro? Hoy en día, esos y otros desarrollos similares están siendo ampliamente caracterizados como victorias por organizaciones con reputación por oponerse lealmente a la explotación de animales.
El Latrocinio de la Amabilidad Humana
No es nada placentero pensar acerca de la posibilidad de que nuestro movimiento esté en el proceso de ser co-optado y neutralizado de acuerdo con un esquema diseñado hace 19 años por una firma asesora de la industria ganadera. Pero para la industria animal, hay billones de dólares en juego, y se cae de maduro que van a jugar a ganar. Consideren cómo la imparable presión para llevar sus acciones a cotizar siempre un poco más alto, cuarto a cuarto, puede poner a los ejecutivos corporativos en un éxtasis de hipercompetitividad. Como resultado, uno regularmente lee sobre espionaje industrial, campañas de difamación mediática, intentos de corromper líderes políticos, escándalos contables y brutales batallas de posesión de empresas. ¿Existe acaso alguna razón para creer que gente cautiva en tal sistema pueda ser siquiera un poco menos despiadada al tratar con un movimiento ciudadano que quiere ponerlos en bancarrota?
Stauber y Rampton, luego de años de investigar las actividades de la industria de las RRPP, señalan la tendencia de los activistas a negar la posibilidad de ser engañados, “a los activistas les gusta creer que están demasiado comprometidos con nuestras causas, demasiado globlalizados y concientes como para ser endulzados con sumisión poco razonada al sentarse y asociarse con el enemigo.” Pero de acuerdo con el gurú de las RRPP Denise Deegan, señala Stauber, “la industria continúa teniendo a este tipo de ‘diálogo’ como el más efectivo método para manejar activistas.”
El trabajo de Stauber y Rampton apenas está basado en teorizaciones “de escritorio”. En su lugar, fue derivado de un exhaustivo estudio de la historia de los movimientos de base reales que, como el movimiento por los Derechos Animales, han atentado confrontar prácticas industriales. Ellos estudiaron, por ejemplo, cómo la firma de RRPP MBD creció a partir de una exitosa campaña para neutralizar un boicot masivo a la corporación Nestlé. A finales de la década de 1970, Nestlé estaba intentando persuadir a millones de mujeres en el Tercer Mundo para que usen una fórmula infantil sintética en lugar de amamantar a sus hijos. “En jerga activista”, notaron Stauber y Rampton, “este boicot es señalado como una victoria grandiosa, pero en el mundo corporativo es entendido que es la industria la realmente ganó, al serruchar el piso de la campaña. Al hacer concesiones selectivas a los activistas, Nestlé fue exitosa al negociar el fin del boicot. Luego, los activistas quedaron atónitos al descubrir que las prácticas de marketing de la fórmula infantil de Nestlé continúan, sólo que con cambios “cosméticos”. Los niños del Tercer Mundo continúan muriendo, pero hoy en día sus dramática situación recibe poca atención, y los activistas han encontrado que un boicot, una vez terminado, no es fácilmente reinstalado.”
Traslada esto al movimiento de los Derechos Animales, el llamado a boicot es, simplemente, activismo vegano (“veganismo” significa boicotear cualquier producto de origen animal). Cuando pasamos de pedir a la gente que prescinda de, o reduzca su consumo de productos de origen animal, a públicamente apoyar productos animales “humanitarios” o “ecológicos”, no estamos acaso, de plano, desmantelando nuestro propio boicot? Piensa en esto. “Un boicot, una vez terminado, no es fácilmente reinstalado.”
Jugando a Ganar-Ganar
Entonces esto es en serio. Repasémoslo una vez más y reflexiona sobre cómo los desarrollos recientes en el movimiento por los Derechos Animales podrían relacionarse con el manual de RRPP tal como fue resumido por Stauber y Rampton.
Primero identifica a los ‘radicales’ quienes están reacios a comprometerse y quienes demandan cambios fundamentales para reparar el problema en cuestión.
Hipotéticamente, ese podría ser cualquier individuo que crea que los animales merecen derechos, que utilizarlos está mal, y que la solución es alentar a la gente a boicotear todos los productos de origen animal, y así lograr el objetivo a largo plazo de abolir el estatus de propiedad sobre los animales. No estamos hablando de tácticas radicales, sino de ideas radicales. Estamos hablando de educadores comunitarios, investigadores amateur, activistas, abogados, bloggers, artistas, enfermeros, protectores de animales, comerciantes, escritores, repartidores de volantes, clérigos, dietistas, granjeros, educadores humanistas, estudiantes universitarios, trabajadores de refugios, instructores de yoga, adolescentes, músicos, doctores, y todo tipo de activistas del día a día que practican el veganismo como una expresión de la no-violencia que predicaba Gandhi como rechazo a cooperar con cualquiera que obtenga ganancias de la opresión hacia los demás seres sintientes.
Luego, identifica a los ‘realistas’, típicamente, organizaciones con un significativo presupuesto y personal trabajando en la misma área relativa de opinión pública que los radicales.
Hipotéticamente, esos podrían ser algunas de las grandes organizaciones multimillonarias de defensa de los animales, las cuales tienen significativas campañas de “animales de granja”.
Después, acércate a esos realistas, casi siempre a través de un amigable tercer partido, comienza un diálogo, y eventualmente cierra un trato, una solución ‘ganar-ganar’ que marginalice y excluya a los radicales y a sus demandas.
Hipotéticamente, ésta podría ser una oferta hecha por alguien como John Mackey, CEO de Whole Foods, uno de los mayores distribuidores estadounidenses tanto de productos de la industria frigorífica como de cosecha orgánica, para asociarse con activistas por los Derechos Animales y con “visionarios” de la industria ganadera para desarrollar nuevos estándares para la utilización “humanitaria” de los animales. Sin embargo, para poder participar, los “realistas” deben contradecir de hecho su propia posición de que los seres sintientes nohumanos (los animales) no deberían ser usados para fines humanos, ya que negociar los detalles de su explotación con aquellos que se encargarán del matadero y la obtención de ganancias mina dramáticamente la integridad de este principio fundamental.
Ahora, a través del esfuerzo combinado de la industria, y la participación de organizaciones por los Derechos Animales, la respuesta de la persona “razonable” al ser alertada sobre la dramática situación de los animales ya no será naturalmente el veganismo, ni siquiera la reducción del consumo de carne, lácteos y huevos, sino la compra de productos “humanitarios” de origen animal.
Simultáneamente, el foco de la opinión pública cambia irrevocablemente de la dudosa moralidad de usar (y matar) animales, a una elaborada, interminable disputa sobre cómo se hará la faena –condiciones, tratamiento, estándares y regulación.
Bajo este nuevo marco, llamados públicos hechos por activistas de los Derechos Animales a boicotear todos los productos de origen animal, a no participar del uso de animales, no tienen lugar. Tal tema de conversación es ahora una situación embarazosa para los grupos de Derechos Animales participantes, y una broma para los integrantes de las asociaciones y/o industria ganadera. Tal tema de conversación queda ahora relegado al campo del “radicalismo”.
Más tarde, ve junto con los realistas hacia los ‘idealistas’ que han aprendido acerca del problema a través del trabajo de los radicales. Convence a los idealistas que una solución ‘ganar-ganar’ acordada con los realistas es lo mejor para la comunidad en su conjunto.Hipotéticamente, éstos podrían ser las pequeñas organizaciones idealistas que están convencidas de sumarse a las grandes organizaciones para acompañar la “mini-revolución de los estándares humanitarios”. Juntas, convencen a los educadores de la línea de frente y a los activistas civiles que solamente promover el veganismo ya no es el enfoque adecuado. Los activistas deben ahora apoyar simultáneamente apoyar la “carne feliz” y los “huevos ecológicos” como un supuesto paso transicional para personas que no dejarán de consumir productos de origen animal hoy en día. Hacer otra cosa, alegan, es sinónimo de abandonar a millones de animales actualmente atrapados en el sistema de la industria ganadera.
Confrontados con esta aparente “contradicción”, gran número de idealistas del movimiento de los Derechos Animales cambian su postura y comienzan a adoptar una posición más “realista” o “pragmática”, una aplicación literal de la fórmula de Duchin de “cómo convertir idealistas en realistas”. Este nuevo “pragmatismo” incluye la promoción pública de un comportamiento no-vegano –consumo de productos “humanitarios” o “ecológicos” de origen animal— al mismo tiempo que la promoción de un comportamiento vegano –boicot a todo producto de origen animal. Alocadamente, estos recién formados idealistas incluso comienzan a referirse a sí mismos como “pragmatistas”, y a aquellos que son fieles a sus propios antiguos valores en contra de la participación como “puristas”, “absolutistas”, o simplemente “idealistas”, incluso algunas veces como “egoístas” o “autoritarios” en su “rigidez moral”.
Llegando a la Gente Donde la Gente Esté
Es alarmante, y profundamente perturbador, cómo esta nueva forma de pensarnos a nosotros mismos y a nuestro activismo cuadran tan perfectamente en el mapa del Sr. Duchin para nuestro futuro, y cómo eso hace eco tan perfectamente en el “dilema” de John Mackey, de Whole Foods, quien habla de cómo él perdería su posición como CEO, la propia base de su habilidad para hacer una diferencia en el caso de que él impusiera sus valores personales y negara a sus clientes la oportunidad de adquirir una amplia gama de productos de origen animal. Entonces, dada su preocupación por los animales, Mackey está moralmente obligado a hacer lo que necesite hacer para mantener su posición en la cima, y a usar el poder que necesite usar para crear una nueva línea de productos frigoríficos “compasivos con los animales”, al tiempo que trabaja junto con grupos de Derechos Animales para convencer al público de comprar dichos productos –dicho entonces con palabras del propio Mackey: “ser pioneros en una nueva forma de que la gente se relacione con los productos de granja, con el bienestar de los animales convirtiéndose en el objetivo más importante.”
Del mismo modo, algunos líderes de grupos de Derechos Animales participantes podrían razonar que, en el caso que “impusieran” el veganismo y la abolición del uso de animales al público al rehusarse al ofrecerles una alternativa de productos “humanitarios” de origen animal aprobados, ellos mismos perderían el dinero y los miembros que creen son la base de su habilidad para hacer una diferencia. En lugar de ello, de forma de tener impacto y credibilidad entre el máximo número de colaboradores, legisladores, periodistas y demás gente del “mainstream”, necesitarán “llegarle a la gente donde la gente esté”, y ofrecer “opciones”. Ellos parecen creer que están, de hecho, moralmente obligados a trabajar con la industria de forma de desarrollar y mercadear productos “humanitarios” de origen animal que ellos aseguran ayudan al público y a la industria frigorífica a transitar fuera de las más horrendas formas de tortura a los animales.
De forma de poder ver a dónde está conduciendo este nuevo enfoque de “llegarle a la gente donde la gente esté”, no precisamos ir más allá del más reciente esquema de etiquetado, éste que fue lanzado en Australia por una organización animalista internacional. Se llama “Opción Humanitaria” (“Humane Choice” en inglés) y el comunicado de prensa declara de forma entusiasta que la nueva etiqueta “garantizará al consumidor que el animal ha sido tratado con respeto y cuidado, desde su nacimiento hasta su muerte… La etiqueta de Opción Humanitaria significará que el animal ha tenido la mejor vida y la mejor muerte ofrecida a cualquier animal de granja… Ellos básicamente viven sus vidas tal como lo hubiesen hecho en la granja del viejo MacDonald…” [referencia a una popular canción infantil en la tradición anglosajona]
¿Opción Humanitaria? ¿La granja del viejo MacDonal? ¿Ves cómo los roles se están invirtiendo? El activismo por los Derechos Animales ya no se trata más sobre la ética y la justicia social –ahora se trata de opciones del consumidor. La venta de carne ya no se trata más de convertir a seres sintientes en “objetos” para su explotación y obtención de ganancias a partir de ellos –ahora es acerca de bienestar animal. El veganismo ya no es un imperativo moral –ahora es una opción de estilo de vida encantadoramente excéntrica.
Y llegamos a la frase final de Stauber y Rampton: Una vez cumplido esto, los ‘radicales’ pueden ser tildados de ‘extremistas’, la jugada de RRPP está en marcha, y el trato puede ser explotado en los medios para hacer a la empresa y a sus ‘moderados’ socios activistas parecer heroicos por haber solucionado el problema. Resultado: la industria tal vez tenga que hacer algunas pequeñas concesiones temporales, pero la preocupación fundamental levantada por los ‘radicales’ es extinguida de plano.
El Complejo Industrial del Bienestar Animal
Tanto si nuestro movimiento llegó a su actual estado totalmente, o en parte, debido a maquinaciones de la industria de las RRPP, o si está simplemente autodestruyéndose por cuenta propia, deberíamos estar shockeados y profundamente consternados dado que la estructura del actual movimiento recuerda tan cercanamente a la visión de compromiso moral, división y debilitamiento provocado por un consultor de RRPP hace tantos años. Sea como sea que haya sido logrado, es innegable que el tamiz de la precisión lingüística, pensamiento crítico e integridad filosófica necesarios para proteger nuestro movimiento de tal degradación ha sido cualquier cosa menos desactivado.
Resulta perturbador pensar en cómo las cosas podrían haber ido tan lejos tan rápidamente, pero se cae de maduro que el Sr. Duchin y su calaña no han estado cruzados de brazos por los últimos 19 años. Al comulgar juntas sus asuntos en una aleación crecientemente salvaje por tantos años, el lenguaje, valores, intereses y objetivos de las organizaciones animalistas y el de la industria frigorífico-ganadera se están volviendo difíciles de distinguir, creando así un tipo de “complejo industrial del bienestar animal” en el que “actores” –figuras dominantes de la industria y del movimiento corporativo por los Derechos Animales— se encontrarán regularmente en privado para negociar el precio de la preocupación pública por el sufrimiento de los animales.
A la industria irán endorsos de las organizaciones animalistas para una gama cada vez más bizarra de productos “humanitarios” de origen animal, así como de prácticas “compasivas”. A los grupos animalistas irá un puñado de “victorias parciales” así como algunas regalías tales como auspicios de conferencias con oportunidades publicitarias de alto nivel. Al hacer el proceso de forma tan ordenada y racional, al reducirlo a unos pocos actores clave con una comprensión tácita del arreglo, todas las partes involucradas recibirán un abastecimiento regular de lo que necesitan para seguir creciendo a un rápido ritmo. Más dinero. Más clientes/miembros. Más conexiones políticas. Más habilidad para dictar los términos del discurso público.
Los trabajos de este hipotético complejo industrial del bienestar animal encajan confortablemente la Orwelliana cultura de nuestra sociedad post-11 de setiembre, donde los Derechos Civiles y el Estado de Derecho están siendo sistemáticamente minados en nombre de la protección a nuestra “libertad”. En el centro se encuentra nuestra aceptación de la doctrina del “mal necesario”, la cual nos lleva a ir en contra de nuestros valores clave y racionalizar nuestra complicidad en actos de violencia e injusticia cometidos contra otros –actos que son frecuentemente descritos como “tristes” y “reprochables”, pero, seamos realistas, inevitable y absolutamente necesario si vamos a cumplir nuestra dichosa misión. Bajo la doctrina del mal necesario, no hay nada fundamentalmente malo al encarcelar a miles de personas sospechosas, pero no procesadas, enjuiciadas o sentenciadas por algún crimen, en una red global de prisiones secretas, e incluso torturarles –siempre y cuando todo sea hecho por nobles razones, y de acuerdo con los “estándares” apropiados.
Considera el paralelismo entre estos dos pasajes, el primero de ellos del New York Times, y el segundo, de la página web de una campaña de promoción de una industria frigorífica en Inglaterra:
A pesar de que la C.I.A. ha enfrentado críticas por el uso de crudas técnicas, un oficial de inteligencia veterano dijo que los detenidos no han sido maltratados. Les fue proporcionada asistencia dental y oftalmológica, así como el Korán, alfombras de oración y relojes para cronometrar oraciones, dijo el oficial. También les fue proporcionado material de lectura, DVDs y acceso a equipamiento de ejercitación.
Esta no es ternera de cajas marginalmente iluminadas. Estos animales disfrutan una vida plena, con abundante espacio e iluminación, dentro de edificios apropiados en invierno y pasturas al aire libre durante el resto del año; una dieta variada; y cuidado de una vaca nodriza cuando ello es posible.
Sí, los pobres becerros huérfanos destinados al cuchillo del matarife ahora disfrutan al ser amorosamente nutridos por una “matrona” antes de que sus vidas sean permanentemente liquidadas. Y que nadie se sienta mal por la brevedad de la existencia de los terneritos, ya que la industria acertadamente señala que “con una expectativa de vida de seis meses, viven el doble que las gallinas de crecimiento más lento; tienen la misma expectativa de vida que un buen cerdo orgánico, y más que la mayoría de los corderos orgánicos.”
Así que aquellos que consumen la carne de estos mimados becerros son en realidad humanitarios solucionando un “problema de bienestar animal”. Al comer la desechada cría macho de las vacas lecheras, estaremos salvando a estos recién nacidos de la alternativa moralmente repugnante, una más corta y más brutal vida en una caja. Uno no puede evitar recordar la cita atribuida a un teniente durante la guerra de Vietnam que declaró, “Tuvimos que destruir el poblado, de forma de poder salvarlo.”
De acuerdo con un reporte de periódico, nueve días después del lanzamiento de esta campaña de la “Buena Ternera”, las ventas de ternera en una cadena de supermercados inglesa aumentaron 45 por ciento. Notablemente, el sitio web de la campaña lleva el logo de una enorme y bien respetada organización por los Derechos Animales cuyo nombre comienza con la palabra “compasión”.
De ahí que un boicot que lleva décadas, esté cualquier cosa menos neutralizado. Piensa en cuánta gente trabajó, y por cuánto tiempo, para educar al público acerca de por qué comer ternera debería ser tabú. ¿Cuánta ternera especialmente etiquetada “Buena Ternera” tiene uno que comer para que la distinción se disuelva, y simplemente sea bueno comer ternera?
Una vez más, las causas fundamentales de nuestro movimiento están siendo removidas.
El Arte de la Eterna Compasión
En esta nueva era, para ser un activista vegano, para alentar exitosamente a otros a boicotear toda participación en el uso de animales, uno tiene que hacer mucho más que exponer a la gente a la injusticia de la explotación de animales, ayudarles a sobrellevar la inercia de sus hábitos personales, resistir la presión familiar y social, y ver a través de vergonzosas decepciones de la industria frigorífico-ganadera. Ahora, uno tiene además que desbancar la falacia patente de productos “humanitarios” de carne feliz entusiastamente acompañados, promovidos y, en algunos casos, incluso desarrollados por algunas organizaciones que son, esencialmente, la cara visible del activismo por los animales.
Si la abolición del uso de animales es nuestro objetivo final, tal y como muchas veces se dice, y si el veganismo es la cosa aislada que representa la más poderosa expresión de oposición a la explotación de animales, ¿por qué entonces debería alguna organización de Derechos Animales hacer el trabajo de los activistas y educadores veganos tanto más difícil?
Trabajadores de refugios, educadores y activistas veganos ya están reportando que miembros del público, cuando son enfrontados con la realidad del uso de animales, cada vez más indican que expresarán su preocupación por dichos animales no boicoteando o reduciendo su consumo de productos de origen animal, sino adquiriendo productos de origen animal etiquetados con sellos de “producto humanitario”. Whole Foods, de forma no sorprendente, es frecuentemente mencionada por su nombre.
Los productos “humanitarios” de origen animal parecen ser el antídoto perfecto para el conflicto interno surgido al saberse cómplice de la explotación de animales. Pero tristemente, negociar una verdad sagrada por una hábil mentira, las etiquetas de “producto humanitario” hacen de un auténtico momento de consciencia una farsa.
Si nos paramos fuera del esquema mental del complejo industrial del bienestar animal, y elegimos en cambio moldear nuestro enfoque de acuerdo con movimientos de justicia social del pasado que fueron exitosos, queda claro que nuestro trabajo consiste en investigar sin pausa y exponer la explotación de la industria frigorífico-ganadera; rescatar animales y ofrecerles santuario; educar al público acerca de quiénes son los animales y por qué está mal usarlos (y matarlos); y crear y promover ideas, productos, valores sociales, prácticas comerciales, tradiciones, artesanías, lenguaje, filosofía, y leyes que sean completamente no-violentas, que de ninguna forma participen o refuercen la legitimidad del uso de cualquier ser sintiente.
Tal forma de trabajo por el cambio pacífico a prueba del tiempo es tanto práctica como poderosa, y ciertamente encaja con la dignidad de la causa que servimos. Habla de lo mejor en la naturaleza humana, y produce oleadas de cambio de constante crecimiento. Cada persona que se acerca e indulta a un gran número de animales, suma al pool de la creatividad y la sabiduría, y se vuelve alguien más que se preocupa por una visión incontaminada de pesimismo o egoísmo. Esto naturalmente hace crecer a nuestro movimiento sin diluir la fuerza o la claridad de nuestro mensaje, y gana el respeto de esos grandes números de individuos que están listos para escuchar y aprender de nosotros, pero que todavía no están listos para sumarse a nuestra causa. Para ellos –la gente que trabaja a través de la duda o la transición de estilo de vida— respetuosamente ofrecemos oportunidades para aprender más mientras tanto reducen su consumo de los productos del sufrimiento. Dado el tiempo, al transformar más y más vidas individuales podemos, y lograremos, transformar una sociedad entera.
Al transitar este camino, podemos estar confiados en que cada paso que demos, grande o pequeño, es un paso en la dirección correcta, un paso hacia la liberación de incontables seres sintientes de una vida de explotación y sufrimiento. Y descansar seguros, bajo la creciente presión del escándalo público frente a la crueldad y las injusticias que nuestro trabajo incansablemente expone, la industria frigorífico-ganadera no tendrá otra alternativa que responder “mejorando” sus prácticas. Si la historia sirve de guía, su alegada mejoría para los animales no pasará de historias funcionales a sus intereses. Pero a veces los cambios podrían verdaderamente reducir el sufrimiento de los animales, y hacer un menor daño es siempre mejor que hacer un mayor daño, y eso, hay que admitirlo, es algo bueno.
Pero no necesitamos ser parte de soñar con los mejorados detalles de los nuevos y mejorados sistemas de explotación de la industria, y ciertamente no necesitamos poner nuestros buenos nombres y la credibilidad de nuestro movimiento en los resultantes productos en cuestión. Deja que la industria le pague a gente como el autodenominado “activista por los animales” y diseñador de mataderos Temple Grandin hacer esas cosas. Y deja a esos pedidores de disculpas profesionales “llevarse el crédito” por crear métodos más eficientes y más rentables de “matar con amabilidad”.
No nos olvidemos que hay una razón para que los grupos por los Derechos Humanos no apoyen métodos de tortura y ejecución “humanitarios” para ejecutar presos políticos, y hay una razón para que los activistas por los Derechos de los Niños no colaboren con la industria internacional de la pornografía para que desarrollen estándares y un etiquetado especial para aquellas películas que hacen un uso “compasivo” de adolescentes faltantes de sus hogares. Hacer tales cosas es introducir ambigüedad moral a situaciones donde jamás se debería permitir que los límites entre el bien y el mal se vean borroneados. Ser agente de tal borroneo es convertirse uno mismo en cómplice de la violencia y el abuso.
Seamos claros. Cuando acompañamos o hacemos apología del consumo de cualquier producto de origen animal, no sólo estamos alentando a un acto que bien sabemos que es inmoral –no sólo borroneando la línea entre el bien y el mal— sino que también estaremos intencionalmente ignorando la contribución que la ganadería hace al calentamiento global, al hambre mundial, a las enfermedades crónicas, al abuso de trabajadores, a la desertificación, y a la pobreza del Tercer Mundo. No seamos demasiado concluyentes al asumir que otros no están listos aún para absorber todo el peso de las verdades que sabemos evidentes. El mundo ya ha visto demasiado cinismo al día de hoy, y está listo para algo nuevo. Compartamos libremente con todos la mejor verdad que tenemos, y hagámoslo con el coraje, altruismo e integridad de aquellos incansables idealistas que llegaron antes que nosotros –aquellos cuyas palabras y hechos históricos han redefinido los límites del potencial humano.
Un principio es un principio, y en ningún caso puede ser desteñido por nuestra falta de capacidad para vivirlo en la práctica. Debemos luchar por conseguirlo, y la lucha debería ser consciente, deliberada y dura.
– Mahatma Gandhi
James LaVeck es co-fundador de la organización educativa sin fines de lucro Tribe of Heart y productor cinematográfico de filmes ganadores de importantes premios, entre los que se incluyen El Testigo y Reino Apacible: El Camino a CasaCopyright
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Versión en español: Pablo Fernández-Beri 090701

lunes, 20 de julio de 2009

Leyes de bienestar animal ¿reconocimiento del problema o fomento de la ignorancia?

El propio redactado de las leyes de bienestar animal, y la aplicación de medidas para su aturdimiento previo, son en sí mismas un reconocimiento de la capacidad de sufrir de los animales en el momento de su muerte.
Las leyes de bienestar animal respecto a los espacios mínimos, la atención veterinaria indispensable, y las condiciones establecidas para su traslado en vivo son, también, un reconocimiento expreso de la capacidad de sufrimiento de los animales como seres diferentes a las cosas y a los vegetales.
Teniendo en cuenta, por tanto, que existe en el animal una capacidad de sufrir, el justificar ese sufrimiento con razones económicas es en sí mismo una institucionalización de la inmoralidad.
La UE, y sus estados miembros, ya reconocen de forma abierta este aspecto, y lo hacen dictando leyes que disminuyan el sufrimiento individual. Reconocen al individuo con capacidad de sentir en su existencia individual y no para el cuidado de su especie por el valor que reporta a la actividad humana en el Planeta.
No nos oponemos a las reformas que favorezcan la reducción del sufrimiento de los animales, pero esto sólo podría ser considerado un avance si, paralelamente, el sector político se propusiera de manera proyectada una reconversión del sector ganadero, que apunte incluso a un desmantelamiento al largo plazo.
Se debe invertir en alternativas como la carne in-vitro, o el desarrollo subvencionado de productos que no contengan contenido animal, a la vez que aporten sabores similares a los culturalmente arraigados de la carne, tal y como sucede con muchos productos que hoy incluso podemos comprar por Internet (www.vegania.com) o en algunas pocas tiendas y herbolarios. De la misma forma deben desaparecer las subvenciones al grano de forraje, a la propia ganadería, y al sector industrial que manufactura productos con contenido animal.Pero además de las razones éticas sobre el trato o el respeto que merecen los animales, existen otras razones que interesan a todos los que habitamos el Planeta: el medio ambiente, la justicia social, y la propia salud.
Eliminando el consumo de productos de origen animal podríamos reducir al 50% la sobre emisión de metano, un gas 23 veces más nocivo que el CO2 y que además no es emitido por el sector del transporte, pero que encierra una gran ventaja: el metano desparece de forma mucho más rápida que el propio CO2, por lo que una reducción o eliminación de la ganadería en el mediano plazo, traería resultados medioambientales positivos mucho antes que la reducción de emisiones causadas por el transporte.
A la ganadería podría además atribuírsele la mayor responsabilidad respecto a la desigualdad alimentaria humana a nivel global, ya que la producción de grano a nivel mundial se dedica en un 82% al grano de forraje (alimento para el ganado) arrojando la escalofriante cifra de que por cada persona que lleva una dieta fundamentalmente carnívora hacen falta 22 hectáreas de grano sembrado para alimentarla al año, cuando para alimentar a un vegetariano es necesaria menos de una hectárea.
Tanto para mejorar la situación medioambiental como el hambre humana, el consumo de agua sigue siendo otro aspecto francamente preocupante: para generar un kilo de carne son necesarios cerca de 19.000 litros de agua, mientras que para generar un kilo de trigo son necesarios 400 litros.
Dentro del aspecto de la propia salud tenemos dos factores analizables. Por un lado la salud individual del propio ser humano, y por otro el gasto público ocasionado por el tratamiento de las enfermedades causadas por el consumo de carne. Muchos analistas económicos aseguran que el cáncer será financieramente intratable en las próximas décadas. Los científicos, paralelamente, aseguran que el consumo de carne puede ser considerado la causa principal de la aparición de determinados tipos de cánceres como el del estómago o el de riñón.
Por otra parte la leche, producto arraigado en la sociedad como “fuente de salud”, gracias a la incesante propaganda no controlada de la propia industria, arroja hoy en día resultado clínicos preocupantes: responsable de anemias, artritis, asma, autismo, cáncer de estómago, cáncer de mama, cáncer de ovarios, de próstata, páncreas, de pulmón y de testículos, responsable además de caratas, colitis, colon irritable, algunos tipos de diabetes, enfermedad de Cronh, enfermedades coronarias, esclerosis múltiple, estreñimiento, fatiga crónica, fístulas, incontinencia urinaria, linfomas, migrañas, problemas en oídos y garganta, reacciones alérgicas, sangrado intestinal, síndrome de mala absorción, trastornos del sueño y úlceras entre otros.
¿Podemos tener una noción de cuánto se gasta la seguridad social en estas enfermedades? ¿Podemos dimensionar cuánto se avanzaría en la reconversión del sector ganadero si ese dinero se destinara a la propia reconversión hacia modelos más éticos y sostenibles? ¿Por qué los organismos administrativos no frenan la propaganda de las empresas de la leche?
Unas 120 empresas en todo el mundo suelen ser “una parada obligatoria” del grano de forraje que se produce a nivel global. Todo grano que sea producido pasará por alguna de estas manos en algún momento. Y de esas 120 empresas sólo 7 de ellas manejan el 50% de todo ese recurso, y ganarán dinero con él y su especulación en algún momento de la vida útil de dicho grano, incluso hasta 10 años antes de su cosecha y hasta 5 años después de la misma. Estas empresas “manejarán” ese grano para aumentar su coste sin que aumente su valor, generando maniobras financieras para aumentar o reducir su precio según convenga.
Un solo grano puede pasar por 30 manos incluso antes de existir: las empresas financieras compran el grano “por adelantado”, hasta 10 años antes de su cosecha, comenzando a generar valor muy por encima de su coste, y dejando una suave pero multiplicadora rentabilidad a cada uno de los eslabones que participó en la cadena financiera.
Ese grano luego es vendido a los productores de carne para alimentar a un ganado hacinado en pequeños espacios, el que no puede alimentarse de hierba por cuestiones lógicas (no crece la hierba sobre el cemento), y es allí cuando los estados intervienen la producción subvencionando ese grano “para que la carne no cuesta tanto al ciudadano europeo”, de la misma forma que subvencionan la ganadería en sí y de forma directa.
Se calcula que si la carne no estuviera subvencionada, ni tampoco lo estuviera el grano de forraje, un kilo de carne en Europa podría rondar los 80€. Pero además de que este coste ya está pagado por los propios Europeos mediante sus impuestos, además del coste que este consumo genera para la sanidad pública (también pagado por los propios europeos), el coste medioambiental es infinitamente más monstruoso en términos absolutos.
La reconversión inicial, y posterior desmantelamiento, del sector ganadero es un escenario que la humanidad vivirá antes o después. Si lo hacemos “antes” será con tiempo, de forma proyectada y poco conflictiva, y la crisis recaerá solamente sobre las 120 empresas que se perjudicarán por estas medidas, pero que son las que actualmente especulan inmoralmente con la salud del Planeta, el hambre de los más pobres, el gasto público asumido por los ciudadanos, y el sufrimiento de los animales. Si lo hacemos “antes” los estados tendrán tiempo de tomar decisiones, de asistir a las empresas ganaderas para reconvertirse en empresas libres de explotación animal y medioambientalmente saludables, tendrán de tiempo manejar el cambio.
Pero si lo hacemos “después” el cambio será brusco, y hará que todos los productores de carne tengan que cerrar sus industrias de un día para otro, dejando a cientos de personas sin trabajo, dejando miles de millones de animales sin poderse abastecer por falta de agua o comida (como ya está sucediendo), generando un caos económico, alimentario y medioambiental mucho más grave.
La reconversión y desmantelamiento del sector ganadero es un hecho que podemos abordar desde ahora para dentro de un tiempo, o dentro de un tiempo “para ahora”.
La mejor acción individual es plantearse el vegetarianismo como dieta, y el veganismo como objetivo.
Leonardo Anselmi Raffaeli
Coordinador del Proyecto Alimento Sostenible
Impulsado por la Asociación Animalista LIBERA!
Fuentes de información:
Discovery Salud:
Informe del Eurodiputado Jens Hola “La UE empeora lo malo”:
Informe de la FAO “La extensa sombre del ganado”:

viernes, 3 de julio de 2009

Reflexiones de un "animalista".

Estoy harto, harto y asqueado de la mala baba y de la estupidez de muchos de mis congéneres, cansado de escuchar sus argumentos envenenados y de responder a preguntas que en el fondo no buscan una respuesta, pues sea cual sea ésta va a dar lo mismo desde el momento en que esa aparente curiosidad es en realidad una trampa zafia y previsible por lo manida, ya que ni imaginación tienen y razones coherentes a las que asirse, menos todavía.Pocos son los días en los que alguien, - afirmando o preguntando, eso no tiene importancia cuando se rehuye el debate congruente y únicamente se busca destruir al interlocutor – no trata de hacerme ver que mi actitud por la defensa de los animales luchando en la medida de mis tan limitadas posibilidades contra su maltrato, lo que esconde es un profundo desinterés y hasta desprecio por los numerosos padecimientos del ser humano.
Esa que acabo de citar es su conclusión más habitual y generalizada, lo que no impide que otros decidan ir más allá y a la torticera argumentación anterior le añadan un nuevo ingrediente que deben creer producto de su sagacidad, cuando lo cierto es que ha sido parido por la ruindad que dicta sus pensamientos y sus actos. Así, a los llamados “animalistas”, nos acusan de que cuanto hacemos es por un fin lucrativo y que si bien puede no ser personal, sí responde al afán de enriquecimiento de las asociaciones que ellos identifican con sectas, a base de unas supuestas subvenciones y no sé que otras exóticas partidas económicas.He de confesar que antes me molestaba en responder a estos ataques, ahora lo hago cada vez con menor frecuencia porque me he dado cuenta que es un esfuerzo inútil. No quieren saber porque no les interesa conocer la verdad, y es que admitirla implica que se venga abajo ese entramado siniestro en el que sustentan su justificación de la crueldad con los animales. Su insistencia no trata más que de desvirtuar una lucha que no les conviene y el ímpetu con el que esparcen tales deyecciones nacidas de su egoísmo, crece a medida que aumenta el número de voces que gritan contra la brutalidad ejercida sobre esas criaturas. La información es uno de sus peores enemigos, por eso son tan partidarios del oscurantismo y recurren con tal asiduidad a la mentira.
Y como a fuerza de repetida esta sucia estrategia de la que se valen ha llegado a repugnarme, la consecuencia ha sido que me replantee mi consideración no acerca del ser humano en general, sino de estos sujetos mediocres empeñados en disimular su absoluta falta de sensibilidad y de compasión, a través de una crítica feroz a los que sí están comprometidos con cualquier tipo de acción solidaria para erradicar de la Sociedad el maltrato, el abuso y las violaciones sobre aquellos que por diferentes motivos, están en una situación sangrante de debilidad o de desamparo.Estos hombres y mujeres, cuya conducta es un ejemplo de vileza y de individualismo constante, han provocado en mí un hastío infinito y han motivado que reflexione sobre la importancia que su existencia me merece, cuando lo lógico habría sido no convertir el bien de unos en el mal de otros, pero son ellos, con su continua y torpe diatriba hacia los movimientos animalistas, los responsables de que entre en este juego absurdo y de que sienta la necesidad de contestar a sus ponzoñosos requerimiento para, probablemente, a partir de ahora no volver a prestarme a sus ruines manejos y dedicar todo mi esfuerzo a colaborar en la protección de algunos de los que realmente lo necesitan.
Yo trato de divulgar las bestialidades que se cometen con perros, cerdos, toros, monos o zorros, por citar unos pocos de una lista casi interminable, pero que me atormente de tal modo su espantosa suerte, no quiere decir que no sea consciente y no me afecte el extremo padecimiento de muchos hombres, por lo que manifiesto mi admiración hacia aquellos que luchan por denunciar y mitigar la angustia humana. Sin embargo hay algo que tengo muy claro: los que nos lanzan acusaciones de desdén hacia el sufrimiento de las personas por el hecho de centrarnos en el de los animales, son los mismos que jamás utilizan una mínima parte de su tiempo en la defensa de alguien que no sean ellos mismos, se llame la víctima Abderrahim, Yolanda, “Toby” o “Valentón”.Es por eso que si he de elegir mis dudas son cada vez menores, y como con el tiempo voy creyendo menos en la universalidad e independencia de la justicia humana, así como en su intención de lograr el bien común por medio de la ética, la equidad y la honestidad, me queda el escaso recurso de confiar en que a veces, el azar cumpla la función que le correspondería a los seres racionales. No creo en el castigo físico como condena impuesta a una acción por inmunda que ésta sea, pues eso equipara al convicto y al juez, pero cuando es el destino quien interviene e impide la comisión de una atrocidad, no puedo menos que sentirme aliviado. Pongo algunos ejemplos.
Si un individuo está manipulando un explosivo con la intención de acabar con la vida de los pasajeros de un tren y el artefacto le revienta en las manos, lo prefiero antes de que mueran inocentes. Si alguien pretende quemar un bosque y se prende con la gasolina en el intento, escojo esta opción en vez de que alcance su propósito de arrasar un ecosistema. O si una persona desea arrojar vertidos contaminantes al mar y al ir a hacerlo resbala y se cae al agua, pues pienso que es lo mejor aunque no sepa nadar, pues se evita el que acabe con innumerables vidas y dañe gravemente el medio marino. No admitiría jamás que tal criminal – ni ninguno - fuese ejecutado y ni tan siquiera que recibiese la menor agresión, pero cuando es la casualidad quien imposibilita su crimen, me siento reconfortado. ¿Hipocresía?, no, es por una parte la necesidad de no identificar al hombre con un ejecutor porque de voluntades humanas todos dependemos y si la muerte o la represión física se convierten en herramientas del poder, lo único que nos queda es un sistema degenerado y despiadado, y por otra es el deseo de que no se imponga la maldad.Les invito a que recapaciten en lo anterior y a que piensen qué es lo que elegirían ustedes. Y después, a que hagan lo mismo con un último caso en el que también el azar puede cambiar los acontecimientos. Qué es lo que escogen, ¿qué un matador torture y asesine a cientos de toros durante su vida, o que sea alcanzado en una cogida que le imposibilite seguir dedicándose profesionalmente a infligir sufrimiento a animales y a provocar su muerte?.
Me quedo con la cornada y no me siento un miserable por confesarlo. Porque estoy harto de la supuesta supremacía del hombre cuando tras de esta se esconde la justificación de crímenes cometidos sobre especies “inferiores”. Cualquier víctima, sea la que sea, me merece mayor valoración y consideración que su verdugo. Muchos rechazarán que emplee los términos “tortura” y “asesinato” al referirme a una corrida de toros, e igualmente podría estar hablando del Toro Alanceado de Tordesillas, de la caza de focas o del desollado de visones, la situación es muy similar, pero lo hago porque la acepción académica de un vocablo o su connotación legal, no es más que una fórmula pactada pero en todo caso, martirizar y matar a un animal es torturarlo y asesinarlo si atendemos a los efectos de la acción, aunque algunos lo denominen “tradición”, “cultura”, “arte” o simplemente, “negocio”.Y repito, no me siento avergonzado por mi forma de pensar y por decirlo. Y es que ya está bien, resulta aberrante el que tengamos que ser los que expresamos nuestro rechazo absoluto a la tortura de animales, los que una vez tras otra hayamos de argumentar nuestra postura y seamos objeto de acusaciones por parte de los que pretenden perpetuar tales depravaciones. Está claro que la fuerza de su posición mezquina les viene otorgada por el apoyo que reciben en sus actuaciones por parte del Estado. Pero la historia ha demostrado en innumerables ocasiones cómo las leyes elaboradas por los hombres han sido a menudo nefastas, y no hay articulado que dignifique una perversión, ni fontanero, comerciante, periodista, cantante, ministro o monarca que pueda convencerme de sus bondades, ni ellos, ni tampoco su declaración institucional como “bien de interés general” o que esté respaldada por algún pérfido Patronato.
Y porque el hombre me duele, seguiré defendiendo a los animales. Transigir con su maltrato, además de hacernos cómplices en el origen de su sufrimiento, indica una intolerable desconsideración hacia el ser humano, ya que estamos permitiendo que el despotismo y la impiedad formen parte de su bagaje y por lo tanto, contribuyendo a su salvajismo, ignorancia y degradación. ¿Quién es, por lo tanto, el que realmente desprecia al género humano?.
Julio Ortega Fraile.

lunes, 15 de junio de 2009

Extracto del Informe del FBI sobre crueldad contra los animales.

Maestros, padres y estudiantes son advertidos y entrenados para buscar síntomas de alarma. De hecho, el Departamento de Educación de Estados Unidos, publica un panfleto, donde se coloca la crueldad contra los animales, como un síntoma de advertencia de un joven potencialmente peligroso… Mayo de 1988/Springfield, Oregon: Kip Kinkel mató a sus padres y dos compañeros de clase e hirió a otros 22. Tenía una historia de crímenes de animales y tortura, alardeaba de haber “volado” una vaca, matado gatos y ardillas, introduciendo petardos en sus bocas.Marzo 1998/Jonesboro, Ark.: Mitchell Johnson y Andrew Golden mataron a tiros cuatro estudiantes y un maestro. Un amigo dijo que Andrew, mataba de tanto en tanto, algún perro con un rifle calibre 22. Diciembre 1997/West Paducah, Ky.: Michael Carneal disparó y mató a tres compañeros de clase mientras estaban rezando. Le había comentado a sus amigos, que había quemado un gato en una hoguera. Octubre 1997/Pearl, Miss.: Luke Woodham apuñaló a su madre hasta matarla, luego mató a disparos a dos compañeros de clase e hirió a muchos otros. En su diario había escrito que con un amigo, habían apaleado, quemado y torturado a su perro, Sparkle, hasta matarlo. Abuso humano y abuso animal: copartícipes de un crimen.Los actos de violencia contra los animales han sido largamente reconocidos como indicadores de una peligrosa psicopatía que no termina con los animales en sí mismos. De acuerdo a Robert Ressler, quien diseñó los perfiles de los asesinos seriales para el FBI: “Los asesinos seriales…muy a menudo, comienzan matando y torturando animales, cuando eran niños”. El abuso animal es no sólo el resultado de un defecto menor de la personalidad del abusador, sino un síntoma de un profundo disturbio mental. Las investigaciones de la psicología y la criminalística muestran que los que cometieron actos de crueldad contra los animales no paran ahí, muchos de ellos agreden a otros seres humanos. El FBI ha encontrado que la historia de la crueldad contra animales es uno de los rasgos que regularmente aparecen en sus computadoras, cuando revisan los antecedentes de violadores ó asesinos seriales. Además el Manual de Psiquiatría y Desórdenes Emocionales lista la crueldad contra los animales como un criterio de diagnóstico para los desórdenes de conducta. Los estudios han mostrado que los criminales violentos y agresivos son más propensos de niños a haber abusado de los animales, que los criminales considerados no agresivos. Para los investigadores, una fascinación con la crueldad por los animales, es una bandera roja en las vidas de los violadores y asesinos seriales. La historia está repleta con notorios ejemplos: Patrik Cerril, que mató 14 compañeros de trabajo en una oficina de correos y luego se suicidó, hostigaba a su perro a atacar y mutilar otras mascotas. En 1987, tres estudiantes de secundaria fueron culpados de golpear a un compañero de clase hasta matarlo Todos ellos tenían repetidos actos de mutilación de animales, varios años antes. Uno de ellos confesó haber matado tantos gatos, que había perdido la cuenta. Dos hermanos que mataron a sus padres le habían contado previamente a sus compañeros de clase, que habían decapitado un gato. El asesino serial Jeffrey Dahmer había “empalado” cabezas de perros, gatos y ranas. Más recientemente, Kip Kinkel en Springfield, Ore., y Luke Woodham, 16, en Pearl, Miss., dos asesinos de 15 años, torturaban animales antes de tirotear borrachos. Los estudiantes de Columbine High School Eric Harris y Dylan Klebold, que dispararon y mataron a 12 compañeros de clase, antes de dispararse a sí mismos, se ufanaban de haber mutilado animales de sus amigos. “ Hay algo en común a todos los tiradores de los últimos años”, dijo el Dr. Harold S. Koplewicz, director del Centro de Estudios de la Niñez, en la Universidad de New York. “ Tenemos jóvenes que tienen síntomas de agresión hacia sus pares, un interés por el fuego, crueldad contra los animales, aislamiento social, y muchos signos de alerta que las escuelas han ignorado” . Tristemente, mucha de la violencia infantil de estos criminales no ha sido examinada, hasta que se volvió en contra de los humanos. La antropóloga Margaret Mead dice “ una de las cosas más peligrosas que le puede suceder a un niño es matar ó torturar a un animal y cargar con ello”. Debido a que el abuso doméstico está dirigido al más desvalido, el abuso animal y el abuso de los niños a menudo van de la mano. Los padres que niegan al animal la necesidad de un cuidado apropiado ó abusan de animales, también abusan ó descuidan a sus propios hijos. Un estudio de mujeres golpeadas, muestra que el 57% decía que sus parejas maltrataban ó mataban animales. Una de cada cuatro, decía que se quedaban con el golpeador, por miedo a dejar sus mascotas con ellos. Los niños que abusan de los animales, tal vez, repitan la lección aprendida en casa; y como sus padres, respondan a la angustia y a la frustración con la violencia. Su violencia es dirigida al único ser de la familia mas vulnerable que ellos mismos: el animal. Un experto dijo: “ Los niños de hogares violentos se caracterizan por…frecuentemente participar en apuñalamientos ó golpizas”, en los cuales pueden mutilar ó matar un animal. Seguramente, la violencia doméstica es la base más común para la crueldad infantil, contra los animales. Es una creencia compartida entre psicólogos…que la crueldad contra los animales es uno de los mejores ejemplos de la continuidad de las perturbaciones psicológicas de la niñez a la adultez. Escuelas, padres, comunidades y cortes que consideran el abuso animal como “un crimen menor” están ignorando UNA BOMBA DE TIEMPO. No así, las comunidades que tengan penas severas para los abusadores de animales; examinen a las familias, buscando otros signos de violencia, y requiriendo intensivamente, un consultor para los perpetradores.Las comunidades deben reconocer que el abuso de CUALQUIER ser viviente es inaceptable y nos pone en peligro a todos. En 1993, California fue el primer estado en pasar a ley, la requisitoria de oficiales de control animal, para reportar abuso infantil. El reporte de abusos, ya está en las legislaciones de Connecticut, y Washington, D.C. Una legislación similar, fue introducida en Florida. El abuso de las mascotas es una señal de alarma del abuso a los miembros de “dos piernas” de la familia, dice el representante Steve Effman. “ No podemos enfrentar la ignorancia de esta conexión nunca más” . Después de un extensivo estudio de los lazos entre el abuso animal y el abuso humano, dos expertos concluyeron: “ La evolución de una mayor gentil y benigna relación en la sociedad humana, debe, entonces, estar ayudada por nuestra promoción de una más positiva y nutriente ética entre los niños y los animales”.

sábado, 9 de mayo de 2009

LAS CUATRO FASES DE LA COMPASION‏.


Los activistas y defensores de los derechos de los animales suelen ser personas con un corazón enorme que pasan por un proceso con diferentes fases. El activista inicia su camino con mucha energía e ilusión, pero poco a poco es alcanzado por el desánimo.Aquellos que trabajan para los animales y los que dedicamos la vida a ellos, atravesamos cuatro fases durante la evolución de nuestras carreras. Como nosotros somos únicos, nuestras historias también lo son, pero todos pasamos por el mismo proceso, y, si sobrevivimos a ese proceso, habremos logrado entender que hemos alcanzado lo que deseamos en el primer lugar.

Fase 1 Extasiados y con muchas ganas de empezar, buscamos cambiar el mundo. Estamos encantados con la vida. Sabemos que podemos marcar la diferencia, que nuestros esfuerzos a favor de los animales calmarán su grave situación. Trabajamos lo que parecen ser 25 horas al día y aún así seguimos con energía. Nuestro entusiasmo es desbordante, nuestra capacidad para los desafíos no tiene límites. Comemos, dormimos y vivimos para la causa de los animales. Los amigos no entienden nuestra obsesión y por eso se alejan o simplemente se desvanecen; de la misma forma nosotros nos apartamos de ellos para hacer nuevos amigos. Sin embargo, algunos de nosotros no logran hacerlo, estamos demasiado ocupados trabajando para los animales.Algunos nos volvemos solitarios, teniendo como compañía solamente a nuestros perros o gatos y esto nos permite mantenernos completamente aislados de todo, pero estamos contentos de todas maneras, ya que tenemos una causa. En nuestro celo, tendemos a dar soluciones simples a problemas complejos, se debería esterilizar a todo animal o a ninguno se le debería aplicar eutanasia. A menudo nos retrasamos por tratar de rescatar a animales de las carreteras y calles. Creemos entender el problema y sabemos que podemos solucionarlo si tan solo la gente no se inmiscuyera.

Fase 2 El entusiasmo que vivimos durante la fase uno se ha vuelto amargo, la burbuja se deshace, así nos estrellamos y nos quemamos. Vemos la misma gente de siempre entrar al refugio con otros animalitos recién nacidos -no han escuchado nuestro mensaje-. Seguimos aplicando la eutanasia, parece un cuento de nunca acabar. Incluso nuestros amigos -aquellos a quienes aún no dejamos- no nos entienden. Parece que no supimos transmitir nuestro mensaje.Todavía se abusa y se descuidan a los animales; esta grave situación parece que nunca va a cambiar, a pesar de todos nuestros esfuerzos. Hemos perdido aquella energía sin límites que caracterizaba la Fase Uno.Ya no deseamos seguir hablando del trabajo, ni siquiera queremos admitir donde trabajamos. Después del trabajo nos vamos a nuestras casas, cerramos la puerta, apagamos las luces, desenchufamos la contestadora y cerramos las cortinas. Estamos demasiado exhaustos para cocinar, así que engullimos comida rápida, pizza, papas fritas o chocolates.Algunos compramos objetos inútiles que no podemos permitirnos. Algunos nos volvemos alcohólicos para callar los sentimientos de desesperanza. Ignoramos a nuestras familias e incluso nuestras mascotas tienen menos atención de la que se merecen. Parece que no tenemos el poder para influir en los cambios que nos condujeron a este éxtasis de dedicación durante la Fase Uno. Hasta hemos llegado a horrorizarnos por el trabajo que tenemos que hacer. Incluso nuestros sueños están llenos de horror.Cada animal que recogemos, cada animal al que le aplicamos eutanasia representa otro paso hacia nuestro fracaso. De alguna manera nos culpamos por todos nuestros errores y eso nos está destruyendo. ¡Levanta los escudos Scotty, los Klingons nos están persiguiendo! Nuestra coraza se vuelve cada vez más efectiva. Detiene el dolor y la tristeza y permite que nuestra vida sea por lo menos tolerable. Seguimos con esto porque de vez en cuando tomamos una pizca de energía de la Fase Uno.

Fase 3 La depresión típica de la Fase Dos se exterioriza y estamos ahora enojados, muy enojados. La desesperanza se torna en ira. Comenzamos a odiar a la gente, al menos a casi todas las personas, salvo a aquellas que, como nuestros compañeros de trabajo, dedican sus vidas a los animales tal como nosotros lo hacemos. Incluso odiamos a nuestros compañeros de trabajo si estos se atreven a cuestionarnos - especialmente en cuanto a la eutanasia-. Se nos ocurre la idea de aplicar eutanasia a los dueños, no a las mascotas. Mejor que eso, tomemos a los que abusan y entregan a los animales y apliquémosles a ellos la eutanasia.Nuestra rabia se extiende a nuestra vida cotidiana. Aquel hombre que está enfrente de nosotros en la carretera, el que se cruza en nuestro camino, apliquémosle eutanasia también a él. Estamos furiosos con los políticos, con la televisión, con los periódicos y con nuestra familia. Todos son blanco de nuestra rabia, desprecio y burla. Hemos perdido la perspectiva y eficiencia.No somos capaces de conectarnos con la vida. Incluso los animales con los que nos conectamos parecen de alguna manera distantes e irreales. La rabia es el único puente a nuestra humanidad. Es lo único que puede atravesar nuestra coraza.

Fase 4 La depresión de la Fase Dos y la rabia de la Fase Tres se reemplazan, gradualmente y con el correr del tiempo, por una nueva determinación y entendimiento de lo que es realmente nuestra misión. Empezamos a entender la situación completa. Nos damos cuenta de que hemos sido eficientes localmente y en algunos casos a nivel regional y nacional. Pero no hemos resuelto el problema -quién podría- aún así hemos marcado la diferencia para docenas, incluso cientos y a veces para miles de animales. Hemos cambiado la percepción de algunos sobre los animales.Comenzamos a ver nuestro espacio dentro de nuestra propia comunidad y empezamos a ver que somos más eficientes cuando separamos nuestro trabajo y nuestras vidas fuera del trabajo. Nos damos cuenta de que aquel trabajo no es todo nuestro mundo y que, si prestamos atención a nuestras vidas personales, podemos ser más eficientes en el trabajo. Entendemos que algunos días trabajamos 14 horas y otros nos vamos después de haber trabajado 8 horas. Tomamos vacaciones y disfrutamos los fines de semana. Volvemos despejados y listos para aceptar nuevos desafíos. Nos damos cuenta de que no toda la gente es mala. Entendemos que la ignorancia es natural y en la mayoría de los casos curable. Sí, la verdad es que hay gente que abusa y abandona a los animales, pero es la minoría. No los odiamos.Cuando encontramos a estas personas hacemos todo lo que está a nuestro alcance por detener que lastimen a los animales. Reconocemos que las soluciones son tan complejas como los problemas y que traen a la mano una gran cantidad de herramientas para resolver el problema, por lo tanto, las utilizamos lo mejor que podamos y es así que comenzamos a ver los resultados -un paso a la vez-. Nos reconectamos con los animales. Nuestras corazas se debilitan. Sabemos que la tristeza y el dolor son parte de nuestro trabajo. Ya no paralizamos nuestros sentimientos con drogas, comida y aislamiento. Comenzamos a entender que conllevamos mejor los sentimientos de rabia, depresión y tristeza si los reconocemos y si no les permitimos afectarnos. Reconocemos el increíble potencial que tenemos para ayudar a los animales.Estamos cambiando el mundo.
Autor: Douglas Fakkema

domingo, 26 de abril de 2009

Entrevista a Gary L. Francione de Defensanimal.org


Se permite la reproducción de esta entrevista siempre que se indique la autoría (Defensanimal.org) y se incluya un enlace al sitio web http://www.defensanimal.org/

Gary L. Francione es Profesor Distinguido de Derecho y Nicholas deB. Katzenbach Scholar de Derecho y Filosofía en la Facultad de Derecho de la Universidad Rutgers de Newark, Nueva Jersey.
¿Está de acuerdo con la afirmación generalizada de que en los últimos 15 años se han producido mejoras significativas en cuanto al respeto a los intereses de los animales no humanos?
No, no estoy de acuerdo. Esa “afirmación generalizada” a la que os referís es la opinión de grandes organizaciones bienestaristas las cuales tienen un interés muy especial en fomentar la impresión de que ha habido un progreso en ese sentido. La realidad, sin embargo, es que las cosas no han mejorado de forma significativa alguna y, en ciertos casos, han ido realmente peor.
¿Cómo valora el hecho de que se estén promoviendo reformas legales que regulen los métodos de explotación, con la intención de ayudar a algunos animales no humanos?
No es nada nuevo, los bienestaristas llevan más de 200 años proponiendo reformas legales. Esas reformas no han conseguido mucho. De hecho, ahora usamos más animales no humanos y de más horrorosas formas que nunca antes en la historia humana. La única diferencia es que hay una nueva generación de nuevos defensores que no conocen la historia del movimiento y muchos grandes grupos bienestaristas que son felices manteniendo a esos defensores en un estado de ignorancia. Los grupos bienestaristas ahora afirman querer la abolición como un objetivo a largo plazo, pero promueven reformas bienestaristas convencionales (yo llamo a estas personas “neobienestaristas”). A menudo utilizan el lenguaje de los derechos y de la abolición, pero se dedican al mismo tipo de reformas a las que se dedicaban los bienestaristas en los años cincuenta en Estados Unidos.
¿Son compatibles las reformas legales con el movimiento abolicionista?
Como regla general, no. De hecho, estas reformas no son coherentes con el movimiento abolicionista. En su mayor parte, estas reformas simplemente hacen la explotación animal más eficiente económicamente y más aceptable socialmente. Por consiguiente, las reformas consolidan el estatus de propiedad de los animales y eso es la antítesis de la posición abolicionista. Por ejemplo, muchos grupos bienestaristas en los Estados Unidos, PETA incluido, proponen que el gaseado de pollos reemplace al método del electroshock. Y alegan que el gaseado conseguirá carne de mejor calidad, menos accidentes laborales, etc. Ese tipo de reforma no acerca a la abolición; incrementa el beneficio del productor y hace que el público sienta que está actuando de una manera más justa.
A nivel mundial, ¿podemos hablar de que existe un fuerte movimiento por el abolicionismo, o por el contrario cree que mayoritariamente hay un movimiento que sólo busca el bienestar animal, sin pedir que los demás animales dejen de ser propiedades humanas?
Creo que está empezando a emerger un movimiento abolicionista. Hasta muy recientemente, las grandes corporaciones bienestaristas controlaban la comunicación y suprimían totalmente el movimiento abolicionista. Ahora Internet ha hecho posible que los defensores puedan comunicarse y formar comunidades fuera de las estructuras impuestas por los grandes grupos. Por ejemplo, grupos como Defensanimal.org ahora son capaces de esquivar a los grandes grupos y dedicarse a importantes proyectos educacionales utilizando Internet. Mi compañera, Anna Charlton, y yo tenemos un sitio web, http://www.abolitionistapproach.com/, el cual contiene presentaciones sobre derecho animal, abolición contra regulación, animales como propiedad, y abogacía animal. Estas presentaciones están en inglés y francés, pronto estarán disponibles en español, alemán y portugués. También tengo un blog en el mismo sitio web. Recibimos miles de visitas, y pronto empezaremos también un podcast. Todo esto hubiera sido imposible hace unos pocos años.
Como he dicho antes, los grandes grupos a veces utilizan el lenguaje de los derechos y de la abolición, pero generalmente solo promueven reformas de bienestar. No tratan el problema de la propiedad.
¿Cuál cree que es la estrategia que debería seguir una asociación que luche por los intereses de los animales no humanos?
En este momento, lo único que deberíamos hacer es dedicarnos a una educación vegana creativa y no violenta. Mientras la mayoría de personas siga comiendo carne y productos animales, nunca habrá un progreso real. Debemos hacer del veganismo la piedra angular del movimiento. También deberíamos educar al público sobre la relación entre el especismo y otras formas de discriminación como el racismo, el sexismo y el heterosexismo.
¿Cree usted que el lenguaje especista es uno de los grandes elementos que mantienen y fomentan la discriminación hacia los demás animales?
Sí, por supuesto, pero debemos entender que aunque el lenguaje especista refuerza actitudes especistas, ese lenguaje está reflejando un pensamiento especista, el cual no va a desaparecer como consecuencia de cambios en el lenguaje. En los Estados Unidos la gente ya no utiliza calificativos racistas como en los años cuarenta o cincuenta, pero éste aún es un país muy racista. Tenemos que cambiar el pensamiento. Aún pensamos como racistas aunque nuestro lenguaje haya cambiado. Deberíamos procurar no utilizar lenguaje especista, pero no engañarnos pensando que ello tendrá efectos mágicos. El lenguaje especista simplemente refleja el pensamiento especista, el cual no desaparece porque desarrollemos formas de hablar políticamente correctas.
Para erradicar el especismo, ¿cree prioritario conseguir una educación infantil que no discrimine a los demás animales, o ve otras áreas como más importantes?
Educar a los niños es crucial. El problema es que la mayoría de padres son especistas y se oponen a que sus hijos sean educados sobre el veganismo y la discriminación de especies. Creo que deberíamos centrarnos en el público en general, haciendo énfasis en los estudiantes de secundaria y universitarios.
¿Cree usted que todo animal que dispone de sistema nervioso, y por lo tanto de la capacidad de sentir, debería dejar de ser considerado como una propiedad humana? ¿Por qué?
Mi teoría descansa únicamente en la capacidad de sentir. Si un ser tiene capacidad de sentir, es decir, tiene una percepción consciente, entonces no deberíamos tratar a ese ser como a un recurso nuestro. La razón de ello es que mientras seres con capacidad de sentir sean tratados como propiedad, sus intereses serán ignorados y serán, en la práctica, tratados como “cosas” que existen fuera de la comunidad moral. Dado que la mayoría de nosotros ya aceptamos que los animales tienen una relevancia moral, estamos obligados a no tratarlos como propiedades. Es un tema complicado, y es examinado extensamente en mi libro Introduction to Animal Rights: Your Child or the Dog? y en mi próximo libro, Animals as Persons: Essays on the Abolition of Animal Exploitation.
No sé si los insectos tienen capacidad de sentir; yo me inclino por no matarlos. Evito pisarlos cuando me los encuentro en casa, bien les dejo que se queden o, en el caso de arañas grandes, avispas, etc., los atrapo y los saco fuera.
¿Qué derechos legales cree que deberían ser reivindicados para los animales no humanos? ¿Sería suficiente para defender los intereses de los demás animales el que dejaran de ser considerados como propiedades humanas, o también debería ser tenido en cuenta que sea respetado todo aquello que ellos construyan o produzcan?
Yo sostengo que deberíamos parar totalmente de traer animales domésticos a este mundo. Deberíamos cuidar de aquellos que ya existen, pero no deberíamos hacer o facilitar que nazcan más. Esto incluye perros, gatos y otros “compañeros” no humanos. En lo que respecta a animales no humanos salvajes, deberíamos dejarles vivir en paz y no interferir en su mundo. No deberíamos entrometernos en sus hábitats.
¿Cómo fue su experiencia personal en el paso de ser especista a dejar de serlo? ¿Qué hecho, lectura, vivencia… le llevó a defender las tesis abolicionistas?
Me hice vegetariano en 1978, todavía comía huevos y lácteos. Por lo que recuerdo, creo que ni siquiera sabía lo que era un vegano por aquel entonces. En 1982 Ingrid Newkirk, a la cual había conocido cuando vivíamos en Washington, D.C. y la cual acababa de fundar PETA junto a Alex Pacheco, me dio una copia de un libro llamado Fettered Kingdoms, escrito por un británico llamado John Bryant. Anna y yo leímos aquel libro, el cual defendía que no deberíamos comer ningún producto animal, nos hicimos veganos inmediatamente y nunca más comimos conscientemente un producto animal. Desgraciadamente, conocí a John Bryant en Londres a finales de los noventa. Me dijo que ya no era vegano. Me quedé muy decepcionado.
A principio de los noventa, tenía muy claro que las reformas bienestaristas nunca llevarían a la abolición y fue entonces cuando comencé a desarrollar el argumento que me llevó a escribir Animals, Property, and the Law en 1995, el cual sostenía que los estándares de bienestar animal nunca proveerían una protección significativa a los intereses de los animales mientras éstos fueran mercancías, y Rain Without Thunder: The Ideology of the Animal Rights Movement, en 1996, el cual sostenía que las reformas bienestaristas no llevan hacia la abolición y que necesitamos adoptar una agenda abolicionista.
¿Qué cree que hace falta para que la mayoría de los humanos sean veganos y no especistas? ¿Cuál cree que sería la mejor manera de actuar para conseguir que los humanos actúen de un modo ético hacia los demás animales?
Creo que a la mayoría de gente le “importan” los animales de alguna forma. El reto es hacerles ver que sus acciones son incoherentes con su creencia de que realmente tenemos obligaciones morales con los animales.
Tenemos que mejorar nuestro trabajo al educar a la gente sobre la no violencia hacia los animales, y a otros humanos. La violencia comienza con lo que comemos, y tenemos que hacerle ver a la gente que ésta es una cosa sobre la cual sí tienen control, pueden eliminar la violencia de sus vidas con una sencilla decisión: hacerse vegano.
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"El veganismo es una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales."
Donald Watson, miembro fundador de la Sociedad Vegana (Vegan Society)

sábado, 18 de abril de 2009

Utilitarismo y bienestarismo.



Peter Singer.


Precisiones para la comprensión de las diferencias sustanciales con la teoría de los Derechos animales.



Utilitarismo
El utilitarismo, como teoría normativa de filosofía moral, no puede identificarse con un pensador único y sus discípulos. Jeremy Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (1806-1873) fueron dos de sus grandes precursores, pero quienes los siguieron difieren a veces lo suficiente como para preguntarnos si no estaríamos en el terreno de otra doctrina que enfrenta al mismo eje central del pensamiento utilitarista.
Henry Sidgwick (1838-1900), Richard Hare (1919-2002), su discípulo Peter Singer y en Argentina, Martín Diego Farell, son otros conocidos utilitaristas. La influencia del utilitarismo en la filosofía ética normativa –al menos hasta los 70’-, ha sido considerable, entre otras razones por el mínimo de presupuestos meta éticos que exige. Ha estado ligado desde sus comienzos al liberalismo político y económico, aportándole principios para la consecución de sus propósitos. En los últimos años, principalmente, se criticó su concepción del bien y se le asignó implicaciones morales contra-intuitivas o resultados irracionales. En 1971, John Rawls (1921-2002) publicará su Teoría de la Justicia para intentar una alternativa a la filosofía moral dominante del utilitarismo, en pos de la conciliación entre los valores de la libertad y la igualdad para la vida democrática.
Como idea básica, el utilitarismo considera que el valor o disvalor moral de una acción o institución depende de las consecuencias que estas acciones acarrean para que sea posible un estado de las cosas que se juzga bueno o malo. Este consecuencialismo contrasta así con las posiciones deontológicas, o del deber -como las de Kant-, las que adscriben a determinados principios que llevan a prescribir o prohibir ciertas acciones, independientemente de sus consecuencias. Farell va a incorporar el concepto de derechos individuales como instancia previa, los cuales no serían absolutos sino que podrían ser desplazados, no por otros derechos de categoría superior sino por consideraciones de utilidad. La idea es que pueden ser desplazados pero no siempre.
A partir de aquí comienzan las divergencias para definir qué estados de cosas son buenos o malos, intrínsecamente considerados. Al solo efecto de señalarlas, en una esfera tenemos las diferenciaciones que se dan entre el utilitarismo egoísta y el universalista, y en una segunda esfera distinguimos un utilitarismo hedonista, otro idealista y otro subjetivista. Podríamos decir que, en términos generales, el utilitarismo defiende el principio de “la mayor felicidad” a la hora de evaluar las acciones e instituciones humanas. La corrección de un acto estaría dada por sus efectos totales a la felicidad de todos los afectados por las consecuencias. Y por felicidad entendemos la suma de placeres o de satisfacción de intereses o determinadas preferencias.
Una división entre tipos de utilitarismos que nos interesa tener en cuenta es la originada entre utilitarismo de actos y de reglas. El utilitarismo del acto establece que una acción es moralmente correcta cuando sus efectos incrementan, en vez de disminuir, la felicidad general. El utilitarismo de la regla sostiene que el principio de utilidad no debe aplicarse directamente para evaluar los actos individuales, sino que este principio debe aplicarse a las prácticas, reglas o instituciones que sirven para determinar la moralidad de los actos individuales. El acto a evaluar queda así sometido a la aplicación de una determinada regla. Sus adeptos aseveran que esta mediación entre el principio de utilidad y los actos permite evitar ciertos resultados nefastos, como la justificación de la tortura de un inocente, para evitar males mayores a otros. Sin embargo autores como H. M. Hare sostienen que cuando el utilitarismo del acto se enlaza con el principio de universalización, estamos dentro del utilitarismo de la regla. Este autor propuso en 1981 el utilitarismo de la preferencia, frente al utilitarismo de la felicidad.




El lugar de Peter Singer.




Cuando Singer public ó en 1975 su conocido Animal Liberation, luego traducido a varios idiomas, produjo una gran eclosión en el mundo de la defensa animal. La denuncia de las atrocidades que se cometían con los no humanos, especialmente en laboratorios y granjas industriales, movilizó a muchos a preocuparse por la cuestión animal, más allá de los perros y gatos como compañeros, cuyo amparo siempre se avaló y propició. Para ese entonces, se llevaba ya muchos años de protección y sanción de normas regulatorias de la esclavitud animal, las normas del llamado bienestarismo legal.
Singer repitió de alguna manera lo que ya había hecho en su momento Jeremy Bentham y otros pensadores anteriores a él: condenar la provocación de sufrimiento a los animales no humanos, sin cuestionar su utilización. Como lo hizo con su habitual escritura no académica, y focalizando en los sistemas intensivos de cría de animales para comida y en las crueldades tan propias de la experimentación con animales, su posición filosófica no apareció tan explícita como sí se manifestó su denuncia del especismo y las condiciones más aberrantes de la explotación no humana.
Al divulgar el concepto del término “especismo” (speciesism, también traducido al español como “especieísmo”), acuñado por Richard Ryder en 1970, equiparándolo a cualquier otra discriminación éticamente objetable, establecía en su libro que la aplicación del principio de igual consideración, libre de especismo, conduce a que el sufrimiento de los no humanos importe tanto como el de los humanos. No condenó per se el uso de animales tratados humanitariamente y muertos con el mínimo de sufrimiento. Por eso el filósofo australiano hoy se lamenta de que muchos hayan tomado su libro Liberación Animal como apoyo al vegetarianismo o veganismo(1).




Se expresó también claramente en la entrevista publicada en la revista Viva, diario Clarín, en febrero del 2004, aunque invitara al vegetarianismo para rechazar las granjas de producción intensiva de animales. En esa ocasión dijo: “…De todos modos, yo no estoy diciendo que nunca es válido matar a un animal porque tenga derecho a la vida; lo que digo es que está mal someterlo a sufrimiento sin una causa válida.” Coherente con su postura, que aplica sin especismo, declaró también que “...comerlos tampoco es necesario. Es un lujo, un placer, no una necesidad. Y no es sólo cuestión de matarlos o no, sino de las condiciones en que se los cría para faenarlos, condiciones que no respetan las mínimas necesidades de los animales…”(2).
En primer lugar, Singer argumenta que debemos aplicar el principio de igual consideración de intereses sin especismo, dando igual peso en nuestras deliberaciones morales a los mismos intereses de todos aquellos afectados por nuestras acciones. (Singer, 1993) Dado que los no humanos pueden experimentar dolor y sufrimiento, tienen interés en evitar estas experiencias, por lo que desde ya es condenable cualquier práctica de cría intensiva para comida. No hacerlo sería incurrir en especismo. Rechazado el especismo, no vale más nuestro interés en satisfacer el paladar que el interés en no sufrir de terneros, caballos, pollos, perros.
Para refutar la postura de que todos los humanos y solamente los seres humanos merecen total consideración moral, emplea dos argumentos: El de los casos marginales, y el del rechazo a ciertas cualidades humanas como la racionalidad, la autonomía o la posibilidad de actuar moralmente, como características relevantes para dar peso moral a los implicados.
Singer se posiciona en el llamado utilitarismo de la regla, al igual que Bentham. Pero a diferencia de los clásicos, con su consideración del “placer” como el mayor valor, Singer se alinea con el llamado utilitarismo de la preferencia, por la que una acción en contra de la preferencia de un ser es incorrecta, salvo que esa preferencia sea superada por preferencias contrarias de mayor peso. Esta salvedad hace que Tom Regan y otros filósofos no utilitaristas consideren que finalmente siempre importan más los intereses de los indiv iduos que los individuos mismos, criticando incluso por ello la versión contractualista de Rawls.
Avancemos un poco más en la postura de Singer. El individuo tiene valor no sólo por su capacidad de sufrir o disfrutar, entonces, sino también por sus preferencias en relación al futuro y su deseo de seguir viviendo. Matar a una persona está mal si ello va en contra de su preferencia, excepto que sea contrarrestado por preferencias contrarias. Singer cree que los animales que no son autoconscientes, no tendrían un sentido del futuro y, por lo tanto, no tendrían interés en seguir viviendo. Por eso dice que:
“…es posible que la muerte de animales no conscientes de sí mismos no esté mal en ciertas circunstancias: cuando se mata sin dolor a animales que llevan una vida placentera, su muerte no hace que otros animales sufran, y la muerte de un animal hace que sea posible reemplazarlo por otro que, de no ser así, no habría vivido.”(3)


Al igual que Bentham, considera que podemos utilizar a estos no humanos como recursos, sin cuestionar en ningún caso la esclavitud animal. (Francione, 2000) Aplicaría entonces, en estos casos, el principio de reemplazabilidad, pudiendo el animal no humano ser reemplazado por otro, siempre que se lo mate “humanitariamente”.



Precisiones y diferencias.



El último día del 2005, entrevistado en el diario Página 12, manifestó que no veía nada éticamente malo en comer carne(4). El 27 de enero de 2007, Clarín publicó la traducción al español de un artículo suyo -original en inglés de Project Syndicate-. Apoyándose en la invitación del profesor de Princeton, a comer carne de cerdo mejor tratado antes de su asesinato-, el texto de Clarín se titula: “Antes de pedir jamón, pregunte cómo suelen tratar a los cerdos.” (5)



Con intención irónica o no, la sorna que transmite es inevitable, y proviene de que es imposible considerar un buen trato para un ser al que se está manipulando para matar, mirando como fuente de placer gastronómic o general o sobre el que se especula como medio para obtener ganancias. El mensaje es: No coma cualquier jamón, tenga lástima por el objeto que provee a su plato. En el artíc ulo, Singer se muestra contento por la preocupación que tienen los estadounidenses acerca del bienestar de los futuros jamones, comparable, por suerte, a la de los europeos. Pero se lamenta de la falta de legislación regulatoria debido a la presión de los millones aportados por el sector agroindustrial para financiar las campañas de los representantes del Congreso que quieren ser reelegidos.
Singer dice que el problema está -según describe en el libro escrito en coautoría con Jim Mason, The Way We Eat-, en la falta de decencia en el tratamiento del animal antes de la muerte. Parecería que Singer no tiene en cuenta el alto grado de violencia que hay que ejercer para matar a diario a una gran cantidad de seres sensibles que quieren seguir viviendo.



En el artículo: “Abolition of Animal Exploitation:
The Journey Will Not Begin While We Are Walking Backwards” [Abolición de la Explotación Animal: El Viaje No Empezará Mientras Caminemos Hacia Atrás] Gary Francione responde al texto de Singer y Mason, The Longest Journey Begins with a Single Step: Promoting Animal Rights by Promoting Reform (El Viaje Más Largo Comienza con un Simple Paso: Promoviendo los Derechos Animales a través de la promoción de las Reformas(6)).



En un pasaje Francione declara:



“Esta postura -que no es la utilización per se sino sólo el trato- es la fundación de la ideología del bienestar animal y difiere de la postura de derechos animales que he articulado. Mantengo que si los animales tienen un interés en una existencia continuada -y afirmo que cualquier ser sintiente lo tieneentonces nuestra utilización de ellos como recursos humanos -sin importar cuán “humanitariamente” les tratemos- no puede ser defendida moralmente y mantengo que deberíamos buscar abolir la explotación animal y no regularla.
Consecuente con su postura, Singer llegó al ridículo de admitir el sexo con animales, siempre que no se les cause sufrimiento (7).



También apoya la experimentación con animales provechosa para el humano -todas, según afirman los que experimentan, que son quienes deciden (8), y el consumo compasivo del “omnívoro consciente.”, tal como dice en su último libro citado. La actual situación de esclavitud en que hemos colocado a los animales requiere conocer la postura de los autores que se eligen para citar, evitando tomar algunas de sus declaraciones por ser simpáticas, compasivas o convenientes para lidiar con una determinada situación parcial. Es necesario porque si no hablamos claro, si creemos que todos estamos luchando por lo mismo, nos seguiremos quedando en este lugar de gobierno y dominio sobre los no humanos por parte de los que lucran con ellos, con la conformidad de un ser humano violento que no es capaz de reconocer cuánto daña a quienes debería proteger y respetar.
Peter Singer es el referente actual del movimiento del Bienestar Animal iniciado a principios del siglo XIX y reflejado en las preocupaciones mayoritarias de la sociedad humana acerca del maltrato a los no humanos y plasmado en las leyes que reglamentan la explotación y dan cierta protección general a los mismos, se trate de pequeñas faltas (petty misdemeanors) o de faltas graves (felonies). El utilitarismo es el núcleo central del bienestar animal legal. Los cálculos utilitaristas incluyen las dificultades que surgen en distintos ámbitos.
Por una u otra vía, el vegetarianismo de Singer depende de la manera en que fueron tratados y matados los animales criados para este propósito. Singer considera que si aceptamos que la capacidad para sentir dolor es suficiente para otorgarle
a un ser el derecho a la vida, tenemos que otorgar el mismo derecho a todos los “animales vertebrados normales, puesto que hay más evidencia de actividad cerebral y capacidad para sentir dolor incluso en los vertebrados con cerebros relativamente pequeños, como las ranas y los peces, que en los fetos a las diez de semanas de gestación.”(9)



Y que si rechazamos un cambio “tan radical” en nuestro trato hacia los no humanos, tendremos que sostener que se puede matar al feto por razones triviales, como matar ratas para probar colorantes alimenticios o porque algunos prefieren el sabor de un pez al del tofu. La postura intermedia sería que podríamos matar a fetos y no humanos con un nivel similar de conciencia siempre que se haga sin dolor o aflicción o si “a pesar de que se causa algún dolor o aflicción, la necesidad de matar al feto o animal no humano es suficientemente seria como para tener más peso que el dolor o aflicción causado.”(10)



Así concluye que quienes se oponen a los abortos tardíos por el sufrimiento del feto, deberían ser vegetarianos para no ser especistas (11).



Los cálculos del bienestar animal van muy de acuerdo con una visión utilitarista de los demás animales. Y si no se cuestiona la esclavitud en sí misma, el planteo sustancial se pierde en la descripción exhaustiva y ampliamente ilustrada de las condiciones en que se hace la explotación, consecuente por otro lado con los avances técnico-científicos y el control e influencia que ejercen quienes lucran con los no humanos a través de los medios y la educación oficial, y de las entidades que esparcen el planteo conservacionista-bienestarista.
Singer se resiste a aceptar que el impulso vital de todo animal a seguir viviendo, -del que ellos dan fe en todos los actos de su vida cotidiana, cualquiera sea el estado del “avance científico” que hoy pueda o no comprobarlo-, signifique que los animales deseen vivir porque valoran la vida. Ser consciente sin ser autoconsciente es realmente una aseveración problemática. Incluso suponiendo que determinados no humanos no fueran auto conscientes, podríamos, como hace Paola Cavalieri, criticar esta tesis de vincular el daño de la muerte con la condición de ser auto
consciente. (Cavalieri, 2001)(12)Tengo siempre la sensación de que este autor no se conecta con la otredad no humana y que hay por ello percepciones que le son ajenas. Singer no puede ni debe ser referente para quienes luchamos por los Derechos Animales porque en el núcleo de su filosofía están las claves para negarlos.


Diferenciemos ahora claramente la postura de Singer de la de dos autores claves en materia de Derechos Animales y veamos las diferencias entre ellos: Tom Regan y Gary Fracione.
Tom Regan postula la dación de derechos morales para los no humanos que sean “sujetos de una vida”, dado que ellos tendrían “valor inherente” y por lo tanto, son pacientes morales. Esto significa que los sujetos de una vida son “fines en sí mismos”, como Kant establecía pero solo en relación a los seres humanos. Su valor no es instrumental. Regan elabora una teoría propia, en vez de aplicar al tema que nos ocupa una doctrina previamente elaborada. El núcleo del sistema de valor no reside como en el utilitarismo en las sensaciones de dolor o placer o en las preferencias.
Regan no separa los agentes morales de los pacientes morales (recipiendarios), ni tampoco separa los pacientes morales no humanos de los humanos pues esto sería ser especista. Todos los sujetos de una vida tienen el derecho moral básico a ser tratados con respeto para reconocérsele así su valor inherente (13).



Gary L. Francione niega que la postura bienestarista atribuya significado moral a los animales desde que la misma mantiene el estatuto de propiedad de los mismos permitiendo su uso como medios para fines humanos. Al no desafiar la condición de propiedad, el bienestarismo finalmente no logra dar significancia moral a los animales.
Francione será quien desarrolle la postura de los derechos animales en su enfoque abolicionista, considerando que equilibrar intereses entre los propietarios de no humanos –que tiene derechos legales porque son legalmente “personas”-, y esos no humanos –que no tienen derecho alguno justamente por ser legalmente “cosas”-, es una utopía. Abolir la condición de propiedad es fundamental para asignar signif icación moral a los no humanos (14).



A diario tenemos pruebas de que este enfoque es la clave de la problemática animal no humana. Según Francione el basamento filosófico para una ética liberacionista radica en el principio de igual consideración de intereses, que como cuestión ética fundamental sostiene que debemos tratar igual casos iguales: “Cada uno cuenta como uno y nadie por más de uno”. Si bien coincide con Regan en que los animales poseen derechos y que reconocérselos implica abolir la explotación institucional que de ellos se hace, su postura difiere en al menos 4 sentidos:
1°) Francione no restringe la clase de animales protegidos a aquéllos descriptos por Regan como “sujetos de una vida”, fundamentalmente todos los mamíferos de un año o más. Los pollos y otras aves son seres inteligentes, seres sintientes con una vida experiencial. Igualmente los peces tienen experiencias subjetivas y son capaces de sufrir, por lo que quedan incluidos.
2°) Si bien Regan considera que todos los “sujetos de una vida” son iguales en su valor moral y por lo tanto no pueden ser tratados como medios para fines de otros, asume que los animales son cognitivamente inferiores a los humanos y que la muerte es un daño mayor para los humanos que para los animales no humanos. Por eso Regan, en situaciones de emergencia, considera que estaríamos obligados a salvar al humano antes que al animal no humano, incluso a salvar un solo humano sobre un millón de animales no humanos. Francione -que toma la sensitividad como única característica de importancia dentro de las cualidades que revisten como propias del concepto “sujetos de una vida”-, cree que en situaciones de verdadera emergencia, si bien puede justificarse que debamos elegir salvar al humano en vez de salvar al animal, también puede justificarse en determinados casos salvar al animal no humano sobre el humano.
3°) Francione focaliza en el estatus legal de propiedad, a diferencia de Regan. Argumenta que los animales tienen un solo derecho: el de no ser tratados como propiedad o recurso.
4°) Francione argumenta que el derecho a no ser tratado como propiedad puede ser derivado directamente del principio de igual consideración, sin necesidad de acudir a la complicada teoría reganiana de los derechos. Sin duda resulta confuso afirmar primero –como hace Regan-, que todos somos iguales, para luego dar prevalencia a la vida humana y en casos de eleccción urgente, dar más valor a la vida humana.
Participo de la postura abolicionista, que con sencillez y claridad marca el camino para quienes rechazamos el holocausto animal que, con asignación de cuotas aceptables de sufrimiento en escala antropocéntrica, no tiene como herencia más que la producción de cadáveres. Si toda época sueña con la próxima, como escribía W. Benjamín, éste es el momento de engendrar la auténtica liberación animal. Si habita el pensamiento, se materializará en la práctica diaria. No llegará de la mano de quienes transmiten que los oprimidos pueden ser “compasivamente” violentados, asesinados, torturados.




Bibliografía
§ Bentham, J., An Introduction to the Principles of Morals and Legislation, Amherst, New
York: Prometheus Books, 1988.
§ Cavalieri, P., The Animal Question. Why Nonhuman Animals Deserve Human Rights. Oxford
University Press, 2001.
§ Farrell, M. D, Utilitarismo, Ética y política, Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1983.
§ Francione, G.L, Introduction to Animal Rights, Your Child or the Dog?, Temple University
Press, Filadelfia, 2000.
§ Francione, G.L. Animals, Property, and the Law, Philadelphia, Temple University Press,
1995.
§ Hare, R.M., Moral Thinking, Clarendon Press, Oxford, 1981.
§ Mill, J.S., El Utilitarismo, Alianza, Madrid, 1984.
§ Regan, T. The Case for Animal Rights, Berkeley, University of California Press, 1983.
§ Singer, P., Ética práctica, Cambridge University Press, 1995.
§ Singer, P., Liberación Animal, Ed.Trotta,1999.
§ Singer, P. (ed.) In Defense of Animals, Harper and Row, New York, 1986.
Notas
1 Singer Says. The Satya interview with Peter Singer.
http://www.satyamag.com/oct06/singer.html
2 Preguntas incómodas. Viva, Revista de Clarín, 29-2-04.
3 Singer, P., Ética práctica, Cambridge University Press, 1995, p.165.
4. La vida y sus alrededores. Página12. 31-12-05.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-2723-2005-12-31.html
5 Singer, Peter. Clarín, 28-1-07 http://www.clarin.com:80/suplementos/zona/2007/01/28/z-
03501.htm
ABOGLIO, A.M., Utilitarismo y bienestarismo. Precisiones para la comprensión de las diferencias sustanciales con la teoría de los Derechos
Animales
8
6 Francione, Gary, Abolition of Animal Exploitation: The Journey Will Not Begin While We Are
Walking Backwards. Ánima, http://www.anima.org.ar/liberation/approaches/abolitionanimal-
explota tion-the-journey.html, alcanzable al 10-2-07
7 Singer, Peter. Heavy Petting.
http://www.nerve.com/Opinions/Singer/heavyPetting/main.asp
8 Father of animal activism backs monkey testing. The Sunday Times, November 26, 2006.
http://www.timesonline.co.uk/article/0,,2087-2471990,00.html
9 Singer, Peter, Repensar la vida y la muerte, Paidós, 1997.
10 Idem nota 9, p. 206.
11 Para evitar la posibilidad de que comerlos afecte la forma en que los consideramos, dice
que sería mejor no comerlos desde el punto de vista de la moral práctica, excepto sea necesario
para sobrevivir, porque ello nos haría:
“considerarlos como objetos que podemos utilizar a voluntad. Su vida cuenta poco
cuando se compara con nuestros meros deseos. Mientras sigamos con esta forma de
utilización de los animales, será tarea imposible cambiar como deberíamos nuestras
actitudes con respecto a los animales. ¿Cómo podemos fomentar que las personas
respeten a los animales, y se preocupen de manera equitativa por sus intereses, si
siguen comiéndoselos por puro placer?” (Singer, P., ïdem nota 3, p. 166)
Pero este argumento -llamado de la “pendiente resbaladiza”-, es tomado por el autor como
una posibilidad que debería verificarse en cada caso cuando trata la eutanasia en humanos,
es decir, que considera que habrá que probar si realmente hay una invitación a seguir por
una vía determinada si se actúa siempre de ese modo. Podríamos creer que igualmente lo
considera en el caso que nos ocupa.
12 Habiendo elaborado Singer un proyecto de derechos para los grandes simios, sobre la
base ya reconocida de que poseen características intelectivas similares a las de los humanos,
el filósofo australiano fue criticado por especista en razón de la base ética por la que pedía
estos derechos. Es claro que ya podrían ser lanzados varios proyectos similares sobre esta
base, por ej, para la Apehlocoma Californica : Un estudio publicado el 22 de febrero de 2007
en Nature, da cuenta que esta ave es capaz de planear para el futuro, capacidad cognitiva
compleja atribuida solo a los humanos y grandes simios. Pero no es ésta la base ética sobre
la que atribuimos a los no huma nos el derecho a no ser considerados recursos para fines
humanos.
13 Regan, T. The Case for Animal Rights, Berkeley, University of California Press, 1983.
14 Francione, Gary L., Introduction to Animal Rights.Your Child or the Dog?, Temple Unive rsity
Press, 2000.
Ana María Aboglio
@ 2007 Ana María Aboglio




Por Ana María Aboglio




©2007 Ánima - Ética para los Derechos Animales
Publicado en: www.anima.org.ar